DEFUNCIÓN DE ARTE

Junio-Octubre, 2018

Proyecto colectivo de arte de acción: Peñón del Cuervo (Málaga), Sala LALATENTE (Madrid) y Cementerio de Arte de Morille (Salamanca)

“He asistido para un acto de amor, porque del amor y la irritación puede surgir el arte” Javier Utray
Artistas participantes. Final del sepelio en Morille

Tres actos en tres lugares diferentes en un mismo proyecto

Defunción de Arte es una idea original de Take Away Process, a iniciativa de Olga Isla (1959-2020). Un proyecto de arte de acción con tres etapas, además de un prólogo, definido por la propia Olga: "Se trata de hacer explícito el sentimiento de aflicción y desconsuelo que produce el hecho de tener que enterrar obras de arte que, a pesar de haber nacido fuertes, acaban debilitándose por falta de reconocimiento y terminan agonizando hasta encontrar la muerte”.

El desarrollo de este proyecto artístico comienza en el propio Cementerio de Arte de Morille (Salamanca). Mediante la construcción de un ensō como representación simbólica de la vida de las obras de arte. Sirve como preludio, toma de contacto y planificación de todo el proyecto.

Las tres sesiones de este proyecto artístico se desarrollan en las ubicaciones y el orden siguiente:
- CREMACIÓN: Peñón del Cuervo (Málaga) junio 2018.
- VELATORIO: Sala LALATENTE (Madrid) octubre 2018.
- SEPELIO: Cementerio de Arte de Morille (Salamanca) octubre 2018.

 

El Cementerio de Arte de Morille

El cementerio del arte que se encuentra en Morille (Salamanca), surge en 2005 por iniciativa de los artistas Domingo Sánchez Blanco y Javier Utray (1955-2015). El propósito básico de esta original idea es el soterramiento de piezas de reconocido valor artístico y/o vinculadas directamente al ámbito del arte de vanguardia, entendiendo que no es menos importante el proceso como el soterramiento mismo.

Aunque son diversas las razones que en origen fundamentan este cementerio, el proyecto Defunción de Arte, conlleva un marcado perfil metafórico, que trata de evidenciar mediante el proceso creativo y la acción-performance de carácter lúdico-irónico-crítico el arrinconamiento que sufren numerosas obras artísticas de autores no valorados debidamente por el mercado del arte.

Hacia el cementerio de arte

Cementerio de Arte de Morille (Salamanca) Fotografía: Mario Gutiérrez Cru

Cremación de obras en el Peñón del Cuervo (Málaga). Fotografía: Jorge Galán

Cremación en la playa del Peñón del Cuervo. Fotografía: Jorge Galán

IDOIA HORMAZA

"Hay poco pudor al tachar, corregir, modificar, pero eso que omitimos, muchas veces, no verá la luz jamás. Lo subterráneo como lo inconsciente, surge en contadas ocasiones, por oportuno error. Ojo a los errores histórico-artísticos que luego hay que mantener a toda costa. El instinto que mueve el proyecto Defunción de Arte parte del equívoco al pensar que el mercado del arte va a considerar prácticas que no están tocadas por auras determinantes; que no son consideradas porque al no trascender lo suficiente son inocuas y no necesitan ser domesticadas (censuradas por la indiferencia); porque aún no ha pasado tiempo suficiente para que llegue el arqueólogo contemporáneo que rescata de la no existencia aquella obra abandonada en un viejo anticuario, en un desván, en un contenedor de basura..."

"Hay aquí un juego de velos en baile macabro: ocultar para mostrar, enterrar para recordar, aceptar para rechazar, morir para vivir. Es por todo el mundo sabido, que cuando un artista muere, sus obras alcanzan sus más altos precios, ya no producirá más. Frente a la muerte del artista, todo lo creado, renace. Quizás frente al enterramiento de lo ignorado, su reconocimiento aumente o, lo haga al menos, la crítica que enuncia. Es la fuerza del inconsciente enterrado la que muchas veces induce al lapsus, al error, al olvido... en este caso, algo palpitaba en la cabeza de Olga Isla y de todas las noticias del periódico, fue una la que quedó impresa. La noticia sobre la existencia de un cementerio del Arte: el Museo Mausoleo de Morille. La idea fue casi inmediata, ¿por qué no democratizar con la muerte lo que en vida el mercado diferencia? Enterramientos producidos por artistas de reconocido prestigio, premios nacionales de las artes, junto con otros de mucho menor alcance, sin tantas distinciones ni reconocimientos. La danza de la muerte que a todos iguala, tal es la pretensión de Domingo Sánchez Blanco con cada objeto que allí reposa."

"El cementerio de Morille es un lugar mágico que otorga a las obras de arte de un colectivo de artistas, el alto estatus que les fue negado en vida: el de la dignidad. Pero hay una vuelta de tuerca más igualmente interesante que le da sentido al todo, la frase que inspiró a Javier Utray y a Domingo Sánchez a fundar estas setenta hectáreas como camposanto, escrita por el teórico Theodor Adorno, quien equiparaba “museo” a “mausoleo”, por tanto, a muerte."

"Así lo entendieron también tantos artistas e intelectuales de las vanguardias, cuyo espíritu queda también recogido en la idea del Museo Mausoleo. La convención, la traidora de la libertad, que condiciona un camino se ve asaltada en la decisión de un suicidio colectivo, un giro del giro, ya nunca más existirán pero por voluntad propia. Se han borrado en el transcurso de una guerra contra el mercado. La saturación de las imágenes puede haber producido una inflación del arte como valor económico. Toneladas de obras, no valen nada, son como cadáveres anónimos. Quedan las imágenes, así como la ley española contempla que somos donantes de órganos por ley, a no ser que esta disposición se contradiga, los retratos de las obras difuntas se ofrecen para su uso a otros artistas. De la muerte nace la vida, desde el arte lo rural, el pueblo de Morille, se revitaliza y echa a andar ligero de la mano de las artes. Paul Valéry sentenció que “La pintura y la es cultura son niños abandonados, como se demostró en distintos experimentos siniestros de la historia, los niños pueden ser alimentados, cuidados, pero sin afecto morirán."

#TAP MAGAZINE Nº 28
Cremación de obras. Fotografía: Jorge Galán. Obra de Mimi Ripoll

Teresa Loring. Fotografía: Jorge Galán

Acto 1: CREMACIÓN

La cremación se realizó en Málaga, el día 23 de junio a las 8h. en las parrillas situadas en la playa frente al PEÑÓN DEL CUERVO. Incinerando ordenadamente todas las obras previamente recepcionadas, sus cenizas quedaron guardadas en bolsas debidamente etiquetadas que se entregaron más tarde a cada artista, acompañadas del certificado de defunción que garantizaba la muerte de su obra e identificación. Los asistentes fueron vestidos de negro riguroso y la cremación fue solemnizada por la profesora Teresa Loring García con su excepcional canto, que resonó dulce y fuerte en toda la cala del cuervo en aquellas primeras horas de la mañana.

Cremación en el Peñón del Cuervo (Málaga). Fotografía: Jorge Galán

Acto 2: VELATORIO

El velatorio tuvo lugar en la sala LALATENTE (calle Av. Pedro Díez, 21 bis, piso 1º7 MADRID) el día 11 de octubre de 2018. En la sala velatorio se dispuso un libro de condolencias para que todos los asistentes que quisiesen escribir su pésame, recuerdos, opiniones de la obra fallecida, etc. pudiesen realizarlo. El libro de condolencias estuvo custodiado por TAKE AWAY PROCESS hasta exponerlo nuevamente en el sepelio. Desde la sala velatorio nos trasladamos al cementerio y allí dimos sepultura a las obras fallecidas.

Velatorio en la sala LALATENTE. Fotografía: Olga Isla

LALATENTE, Madrid. Fotografía: Olga Isla

Acto 3: SEPELIO

El sepelio se realizó en Morille (Salamanca) en el anteriormente citado Museo Mausoleo, Cementerio de Arte, a las 12h. el día 13 de octubre de 2018. En la sala velatorio se habilitó nuevamente un libro de condolencias para que todos los asistentes que participaban pudiesen escribir su pésame, recuerdos, opiniones de la obra fallecida, etc.

Tras cargar los cubos de cemento preparados para albergar las cenizas en un transporte motorizado, se inicia una procesión fúnebre hacia el cementerio por las calles de Morille. Una vez allí se procede al montaje y construcción del columbario y posteriormente a la realización de algunas acciones individuales y performances, donde presento al final del evento la performance "LA MEMORIA DE LA PERSISTENCIA". Finalmente se celebra un almuerzo común con la participación de todos los artistas, Domingo Sánchez -creador del cementerio- y las autoridades de Morille (Salamanca).

Procesión hacia el cementerio de arte

Los artistas que finalmente participaron en la construcción del columbario y aportaron las cenizas de sus obras incineradas fueron: ANAMUSMA, ANDREA PERISSINOTTO, BEGOÑA CID, BIBIANA LA LÍA, BORJA ECHEVARRÍA, CARLOS BARRADO, CAROL SOLAR, CECILIA MONTAGUT, DAVID BURBANO, DORA ROMÁN, FERNANDO BAENA, FLORENCIA KETTNER, IBIRICO SAEZ, IDOIA HORMAZA, IRENE CRUZ, JOAQUÍN MADERA, JORGE GALÁN, JUANJO FUENTES, JULIA CUADRADO, LAURA G. VILLANUEVA, LOLA CAÓTICA, MARIBEL BINIMELIS, MARIO GUTIÉRREZ CRU, MARTA M. MATA, MARTA PÉREZ IBÁÑEZ, MIMI RIPOLL, MONTSE GÓMEZ OSUNA, OLGA ISLA, PABLO MONCADA, PATRICIA MATEO, PATRICIA MAYORAL, SARA SARABIA, TERESA LORING, VÍCTOR RIPOLL y VÍCTOR ROYÁS.

Camino al cementerio con las urnas

OLGA ISLA

LITURGIA FESTIVA EN MORILLE

"No será fácil olvidar la fiesta fúnebre que se celebró, hace tan sólo una semana, en Morille. Tampoco pretendo que esto desaparezca de la memoria, afortunadamente dicen que los detalles triviales tienden a escaparse y que las vivencias negativas las bloqueamos haciendo que se destierren, sin embargo, la calidad de una experiencia positiva queda registrada con precisión. Nada de lo que ocurrió allí fue baladí. Todo lo que aconteció era consecuencia del desarrollo de un proyecto artístico que entrelaza intereses comunes contando con la participación de todos. Durante la jornada, las acciones artísticas y las relaciones sociales fluyeron sin atasco, con facilidad. El trabajo realizado durante más de un año contemplaba reunir artistas y otros agentes del mundo del arte con el interés común de evidenciar la muerte de los proyectos desarrollados, por muerte natural o por muerte inducida por el mercado del arte, dándoles un responso digno junto a las obras inhumadas de otros artistas de reconocido prestigio. Las obras fallecidas habían sido incineradas deliberadamente en un acto solemne que generó una obra artística performática de carácter colectivo cargada de simbología. Las cenizas artísticas, como si del ave Fénix se tratase, permitían vislumbrar un repertorio sucesivo de nuevas obras, a veces de carácter individual otras de carácter colectivo."

"Certificada la muerte, cada uno de nosotros diseñó el nicho contenedor de sus cenizas artísticas que formaría parte del columbario, testimonio de lo acontecido. La realización de esta pieza supuso el retorno a la creación individual para que después se regenerase en creación colectiva, como si de un cadáver exquisito se tratara, al construirse el monumento funerario, en el Cementerio del Arte de Morille. El columbario, garantía de la memoria colectiva, está terminado pero no acabado, es parte de un proceso en el que se podrán incorporar nichos adicionales a los existentes. Es una obra en crecimiento continuo como el proyecto origen del mismo."

"La liturgia festiva en Morille, fue regeneración de lo que ya no es y parte del proyecto defunción de arte que engloba mucho más (velatorios, libro de condolencias, cortejo fúnebre, procesión ...), donde nada es banal ni casual, requiere reflexión. Es lúdico, procesual, reivindicativo y comprometido, es experiencia artística. Las connotaciones plásticas conviven con la búsqueda de soluciones a problemas colectivos. El 13 de octubre es una fecha difícil de olvidar, está acumulado en la memoria, nos ayuda a evocar el pasado como un deseo cumplido y convertirlo en referente de ilusiones futuras."

Construcción del columbario

JESÚS CÁMARA (crítico de arte y comisario de exposiciones)

Reflexión después del 13/10/2018

La defunción de arte. Morille. Salamanca ."El arte ha muerto, y esta muerte no es la autoasumida que proponían las vanguardias: el pop art, el minimalismo y el conceptualismo. Esta muerte es una muerte menos digna, degenerativa, y tiene que ver con la indistinción del arte con los modos de vida contemporánea". Estas contundentes palabras del más grande teórico del arte y la cultura visual que haya tenido este país, José Luis Brea, se convirtieron -nunca mejor dicho- , en lapidarias con motivo de los actos de defunción de arte que se celebró el pasado sábado en Morille. El proyecto defunción de arte, es una iniciativa de Olga Isla (Take Away Process) que dirige y coordina conjuntamente con Laura Glez. Villanueva (Take Away Process) y la artista multidisciplinar Mimi Ripoll. Ellas han hecho realidad este interesante proyecto que reunió a un numeroso grupo de gentes del mundo de las artes visuales, así como a vecinos de la atractiva localidad salmantina de Morille. La finalidad: enterrar las cenizas de obras de arte que previamente se habían incinerado en el Peñón del Cuervo, de Málaga, el pasado 23 de junio. Brea pronunció esas palabras en febrero de 2008 durante la celebración del II Simposio Internacional de Estudios Visuales, en Nueva León, México, y cobran toda su actualidad al intentar matar el arte, porque lo que está ocurriendo en Morille es hacer arte negando al arte.

Domingo Sánchez Blanco y Javier Utray (ya desaparecido), fueron los promotores de este cementerio que han convertido el paseo a campo y cielo abierto en un sin igual museo-mausoleo. Aquí podemos encontrar los monolitos y/o columbario de las obras enterradas de artistas como Juan Hidalgo, Bernadí Roig, Isidoro Valcárcel Medina, Javier Utray, Jorge Galán, Quico Rivas o Alberto Greco. Manuel Ambrosio Sánchez Sánchez, que lleva 15 años como edil de la villa ha facilitado todos los recursos para esta realidad que ha puesto a Morille en el mapa del arte contemporáneo. Un espacio y momento que como gran parte de las vanguardias del pasado siglo quiere anunciar la muerte del arte y no consigue más que el efecto contrario.

Esta última defunción de arte al contrario que en el pasado no es un supuesto filosófico, ni siquiera una pose intelectual, sino una realidad tristemente cierta. Se trata igualmente de una muerte silenciosa y silenciada, tanto por las administraciones e instituciones públicas, por no acrecentar aún más los datos negativos de la crisis, sino también por los propios protagonistas -artistas, galeristas, críticos y comisarios- que nunca mejor dicho, por amor al arte intentan sobrevivir en una situación de penuria económica que sólo confiesan cuando ya es irremediable. El cierre de los locales, el abandono de la profesión, etc. El arte contemporáneo español se mantiene en un entorno de pobreza vergonzante, tan inconfesable como patente. Por esta razón, esta forma tan especial de incineración, velatorio y sepelio del arte es una manera creativa, lúdica y un tanto amarga de difundir la situación de un sector económico, social y cultural que necesita ser escuchado. Los derroteros de Morille deben ir más allá de la representación simbólica del desconsuelo de tener que enterrar obras de arte que no han tenido salida en el mercado. Esta singular población tiene en bandeja una oportunidad para la redefinición de la práctica artística, organizando encuentros que tengan aquí su punto inmediato de reflexión y que asegurarían el éxito continuo en el tiempo de esta iniciativa tan fascinante.